Buscando el artista en tu interior

Buscando el artista en tu interior

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Al entrar en la discoteca, empiezas a sentir cómo la música te llama a ir a la pista de baile. Te cautiva. Tus ojos se mueven a través de la pista mientras la adrenalina se te acelera, subiendo como el mercurio de un termómetro. Tu cuerpo empieza a absorber todos los sonidos y el ritmo de la música que suena. Tus hombros empiezan a torcerse. Tus rodillas empiezan a agitarse. Alrededor tuyo hay parejas bailando, haciendo giros y creando un mundo completamente distinto– el mundo de la disco y de los clubs nocturnos. Mientras observas la actuación del dúo de mambo, te maravillas al ver cómo los bailarines son capaces de hacer lo que hacen sin esfuerzo aparente. Una pequeña voz en tu interior te dice: “¡Yo también puedo hacerlo!” Pero en el fondo sabes que se necesita mucho más que el hecho de plantarse delante de un público y actuar. Se necesita toda una mentalidad particular.

Salsa

¿Te has preguntado alguna vez cómo debe de ser esto de actuar? Si la respuesta es afirmativa, entonces en primer lugar, debes buscar el artista en tu interior. Para muchos bailarines, ya sean profesionales o amateurs, llega un día en que deciden de ir más allá y buscar nuevos retos. Sabemos que podríamos, si quisiéramos, dedicar más horas y más esfuerzo a bailar para probarnos e incluso para prepararnos para algún concurso. Hay estudiantes que realmente aspiran a actuar delante de un público y los que no. En cualquier caso, siempre es bueno retarse uno mismo para intentar ir más allá. Para conseguir en serio esos retos se requieren más horas de dedicación. Como todo en la vida, sabemos lo que nos conviene y podemos hacer y lo que no. Siendo realistas, podemos etiquetar a los bailarines en estas categorías:

– aquellos que nunca han tomado lecciones de baile, pero bailan muy bien;
– aquellos que dedican muchas horas al estudio del baile, pero no saben ni dar dos pasos seguidos en la pista de baile; – aquellos que sólo bailan en acontecimientos sociales para divertirse sin más preocupaciones; – y aquellos que han tomado lecciones de baile y dominan cada paso que dan.

¿De que tipo eres tu? Si analizamos las categorías anteriores con más profundidad, veremos los elementos que las distinguen claramente. El miedo escénico es uno de ellos (el pánico a actuar delante de un público). Cada cual deberá encarar ese miedo escénico y superarlo a su modo. Aunque seas un estudiante y actúas en talleres de danza, también sentirás un poco de ese miedo escénico. No sólo el profesional se enfrenta a esta experiencia.

Permíteme sugerirte algunos modos para sobrellevar este temor. La repetición y el tiempo son dos patrones que el bailarín ya conoce. Cuanto más practiques y avances con tus pasos y tus rutinas, mejor lo recordarás. Esto se traducirá, esperemos, en un aumento de la confianza y, por ende, en un mejor rendimiento en la actuación. Así pues, el miedo escénico debería empezar a desaparecer con el tiempo.

“Ya seas profesional, bailarín de club o amateur, confía siempre en ti mismo”- Ángel Ortiz

Otra manera de superar el miedo escénico es reciclarlo; convertir esas mariposas en el estómago en energía para rendir mejor. Con rendimiento energético me refiero a convertir el miedo en una fuerza positiva para transformar tu atención y los nervios en concentración y llevar eso a un nuevo nivel. Dejar que el nerviosismo trabaje a tu favor. El resultado te será gratificante.

Hay aún otro elemento que puede diferenciarte del resto, seas profesional o no, es tu presentación (esta es el último estadio del “viaje del bailarín”). Es lo último último. Aquí es donde debes poner toda la carne en el asador, todos los elementos mencionados juntos. Tienes una oportunidad para dar lo mejor de ti. Dicen que la práctica hace al maestro. Bien, no se si algún día lo serás, pero estoy seguro de que mejorará tu baile. La presentación ilustra quién eres y qué sientes por la música. Si eres mecánico, la gente lo notará, si bailas con sentimiento, la gente responderá a ello. Así que, recuerda que debes presentarte a ti mismo con entusiasmo y energía. Ya seas profesional, bailarín de club o aficionado, confía siempre en ti mismo.

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Cuando empieces a buscar el artista que hay en ti, el primer lugar donde debes mirar es en la misma clase de danza. Aquí es donde empieza todo. Aquí es donde tu alma busca, haciendo un examen de consciencia, y donde se construye tu confianza. Las clases de danza sirven para inspirar, educar, hacerte sudar y edificar la confianza en ti mismo. ¡Todos los elementos de un artista se descubren en la clase de danza!. Aunque sólo seas un estudiante que busca un rato de diversión en el baile, como un hobby, ganarás mucho con estas lecciones. La próxima vez que te encuentres en clase, dedícate por un momento a mirar a los que tienes alrededor, mírales como buscan, extasiados, su imagen en el espejo. Mira cómo se empeñan en hacer esos movimientos y giros. Tu deberías hacer lo mismo. Deberías intentar sacar el máximo provecho a tu clase. Tómate unos instantes para practicar y experimentar con todo lo que puedas. Transfórmate durante ese lapso de tiempo. Intenta buscar el artista que hay en ti. Mira a los que te rodean y absorbe lo que puedas. Está bien eso de imitar y de tomar prestado. El baile es una evolución y la imitación en la más alta forma de adulación. La clase de danza debe de ser un entorno enriquecedor. Aquí creces como bailarín. Es el lugar donde siempre deberías volver cuando quieras reafirmar la base. A los no profesionales les digo: “déjate ir y experimenta”. A los más experimentados les digo: “ perfecciona tus habilidades y da lo mejor de ti”. El artista que hay en ti está ahí, en clase, esperando que le descubras. Es sólo cuestión de sacarlo bailando.

“Las clases de danza sirven para inspirar, educar, hacerte sudar y edificar la confianza en ti mismo…Está bien eso de imitar y de tomar prestado. El baile es una evolución y la imitación en la más alta forma de adulación”. -Ángel Ortiz.

El viaje del bailarín nunca termina. El artista que hay en ti jamás se completa. Como bailarines, debemos de buscar siempre de ir un poquito más allá, complicar más los pasos, el shine, los giros, las combinaciones. El hambre o la sed del artista nunca se sacian. Ya seas amateur o no, “el baile” es lo que ansiamos. Nos produce un gran sentimiento. Es la mejor terapia de todas. La música, los ritmos, el lenguaje corporal, las conversaciones silenciosas y gestuales que se tienen en pista, todo ello te va acercando al artista que hay en ti. Por eso no es algo que se pueda enseñar sin más. Pues hay algo de natural que crece contigo y con tu baile. Cuando te encuentras bailando en un acontecimiento social, de hecho también estás actuando. Cuando hablas con un amigo, también actúas. Y pasa esto mismo en otras situaciones cotidianas. La cosa es que no hace falta que haya un entorno físico para experimentar ese rendimiento, esa actuación. Puede ser sutil o concreto. El “artista” ya está en ti. Es tu actitud mental lo que marcará la diferencia.

Así pues, recuerda que bailar, en general, tiene que ver con el sentimiento, con las emociones, con describir, ilustrar y narrar una historia, ¡¡¡además de divertirse haciéndolo!!! El artista que hay en ti está ahí. Todo está en el tiempo, en el ritmo.

“El viaje del bailarín nunca termina. El artista que hay en ti jamás se completa”.- Ángel Ortiz.

¡SIGUE BAILANDO!

Angel Ortiz

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