¿Infalible o disfrutable?

¿Infalible o disfrutable?

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salsa dancing

Toda mujer disfruta, y hasta se apasiona al sentirse admirada y deseada por los ojos de los hombres a sualrededor. Esto es inherente al género, en cualquier parte del mundo en que se encuentre. Y más aún, en una pista de baile es cuando mejor se cumple.

Ancestralmente, la salsa es un baile que si no se practica en pareja, deja de lado gran parte de lo que por naturaleza es: comunicación. Por ello, en la relación que se da en torno al ritmo, a la clave, a la música en su totalidad, es que la mujer no puede dejar de seducir, ni el hombre dejar de perseguir.

Se acostumbra mucho, en la actualidad, ver en las pistas de baile una pretensión de infalibilidad en las formas, en las técnicas. Se persigue una perfección en relación a la combinación de métodos, posturas y figuras que, en definitiva, nunca deja de ser una idea. El virtuosismo en las formas musicales debiera de reflejarse en cada gesto, cada giro, cada fuego producido ante el roce. Se persigue, comúnmente, un estilo, más que nada en las mujeres, que se acerque al Jazz o al Clásico, más en relación a posiciones de manos, empeine y hasta rostro.

En muchos institutos me han exigido que componga en mí una postura tal que refleje formas que a la salsa misma no le pertenecen. No quiero que se malinterprete, no critico las fusiones entre los estilos, sino más bien la pérdida de uno por el otro. El llamado latin jazz es la fusión entre dos estilos musicales exquisitos, en lo personal así considerados, que musicalmente hablando conforman una totalidad que en ningún momento deja de recordar las dos raíces que lo componen.

Ocurre, a veces, que en la pretensión de una forma bailada lo suficientemente pulida sobre el escenario, se pierde la naturaleza más “arrabalera” del baile. En escena, y para la puesta a punto de Shows, es preciso que las posturas de los bailarines y bailarinas sean impecables, ya que la distancia entre los actores y el público amerita que ciertas poses se agranden lo suficiente, como para lograr ser vistas.

Es en la pista en donde coloco mi argumentación, ya que es de esos mismos bailarines que se toman las fórmulas de prolijidad escénica tan innecesarias en la pista. Es preciso que esa magia que se genera entre dos personas para bailar no se pierda en la búsqueda de infalibilidad. Importa menos la perfección en la postura de una mano o un pie, que el disfrute más placentero del baile. Las equivocaciones deberían de ser anecdóticas, si es que se las puede pasar por alto al divertirse bailando. Toda música latina amerita esa alegría propia de la música, del ritmo, del sabor que se nos mete en la sangre y no nos deja irnos más.

Por eso mi propuesta es la siguiente: Mujeres, déjense perseguir, seduzcan como disfrutan, dejen de pensar en si el pie está en donde debe o no, sólo sientan el ritmo en la piel, transpiren, y déjense llevar. Y hombres, hagan lo que saben, y conquisten. No es conocer más o menos figuras lo que cuenta, ¡sino que se baile!

Autor: Belén Senillosa

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